Es conocido el caso de un edificio en el barrio de Parque Avellaneda, en el que el tráfico simultáneo de mudanzas superpuestas provocó una seria confusión de cajas, muebles y electrodomésticos. El resultado más grave fue el de una señora del sexto piso que terminó la jornada sin su heladera y con dos lavarropas, ninguno de los cuales le pertenecía. Quizás para mostrar iniciativa ante un fenómeno que comenzaba a copar el debate público, el gobierno interino de la ciudad pulpo resolvió –en forma transitoria, hasta que el caudal de traslados regresase a su flujo habitual– autorizar a camiones de mudanza, fletes y afines a estacionar en doble y hasta triple fila, únicamente los días sábados entre las ocho y las dieciséis horas. La medida no tuvo mayor trascendencia, pero fue aprovechada por un grupo de jóvenes que, desde el sábado posterior a la promulgación de la norma, cortaron Cucha Cucha con dos camionetitas desvencijadas –estacionadas en doble y triple fila, respectivamente– y, con la excusa de estar llevando a cabo una interminable mudanza, aprovecharon el asfalto liberado para organizar peñas folclóricas, festivales de rock, ferias americanas, torneos de futbol y mitines políticos a cielo abierto, con gran éxito de convocatoria. No fue la derogación de la ley –que de hecho continúa vigente– lo que marcó el fin de la iniciativa, sino los primeros fríos del invierno, que provocaron el fracaso absoluto del primer y único torneo de ajedrez de la calle Cucha Cucha. Este cronista, por su parte, se ve en la obligación moral de confesar que no sabe si efectivamente hubo un incremento en la cantidad de mudanzas diarias –no hay registros oficiales, solo apreciaciones generales, notas periodísticas y comentarios al pasar– o si, como suele ocurrir aquí, en la ciudad pulpo, toda puerta que se abre esconde un universo infinito por explorar. En este caso, no parece casual que este cronista comenzara a notar el clamor incesante de la danza muda en diciembre del año pasado, mientras acomodaba sus cosas en cajas para regresar a Villa Crespo luego de una larga temporada en el vecino barrio de Almagro.
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