Cuando el día se rinde exhausto y la noche cae triunfal, cuando la negrura asordina el murmullo irreverente que recorre calles, pasajes y avenidas en las horas hábiles, cuando la marea de visitantes que llega cada mañana para trabajar en oficinas, comercios, obras en construcción y casas de familia se retira, cuando solo algunos taxistas, repartidores y recolectores de residuos persisten en sus trayectorias, ocurre uno de los fenómenos emblemáticos y constitutivos de la ciudad pulpo: la autodenominada elucubración espiralada.
En los minúsculos departamentos iluminados por veladores tenues, debajo de los puentes y en los bancos de las plazas, en las garitas de seguridad, en las pizzerías casi desiertas, en los kioscos veinticuatro siete y en las guardias de los hospitales, los habitantes de la ciudad pulpo aguardamos la llegada del sueño o del alba –lo que ocurra primero– mascullando palabras en silencio, jugando a desenredar ideas entreveradas, clasificando restos diurnos, cuestionando o reafirmando convicciones profundas. En el ronroneo de esas frases inconexas va emergiendo algún sentido, va cobrando forma cierta identidad. La conciencia fluye tentacular y nosotros comenzamos lentamente a sospechar que nuestros pensamientos no son tan nuestros, que las fronteras de ese mantra son lábiles e imprecisas y que eso que estamos pensando también, de alguna manera, nos está pensando a nosotros.
Así, entre el sueño y la vigilia, germinan palabras o melodías rudimentarias, hay algo rítmico además de espiralado en nuestra elucubración y en algún momento aparece esa voz interior que suena como aquella vieja canción olvidada: el mundo nunca para de hablar de lo que ya no puede ocurrir para escapar del vértigo del momento yo creo que ya estás por salir y espero que ya estés por llegar por hoy voy a confiar en el multiverso nostalgia de lo que aún no pasó saudade de lo que pudo ser arenas movedizas del pensamiento él está trabajando en Dubai pero a la vez está siempre aquí no sé cómo explicar este sentimiento mirá si me muero o me traga un agujero negro va a estar todo bien mirá si me extravío y me escupe un agujero blanco va a estar todo bien igual el tiempo es un efecto fugaz seguro ya lo dijo Perón no hay nada como estar en el movimiento el tiempo es una idea feroz no sé qué opinan Martin y Floyd prefiero estar con vos en el movimiento te pido que no llores por mí prometo no llorar más por vos el mundo está sarpado de sufrimiento prefiero no comer animal prefiero contestar con amor el odio se ha quedado sin fundamento mirá si me muero o me traga un agujero negro va a estar todo bien mirá si me extravío y me escupe un agujero blanco va a estar todo bien va a estar todo bien va a estar todo bien igual.
Finalmente, la melodía se confunde con el sueño o con el alba.
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